CÓMPRAME
Llevo mi etiqueta colgando
para que no pregunten.
Importante importe.
Lo justo.
No regateo.
No soy tan cara.
Quisiera exhibirme
como objeto de lujo,
pero bien se ve
que encojo con la lluvia
(aunque también florezco)
No puedo ser reclamo de adinerados;
no quedo fina ni discreta.
Y me niego a mostrarme delicada.
Soy un poco excéntrica, eso sí,
y eso se puede parecer a exuberante…
Digo yo.
Uhmm.
Soy sabrosa y sosa,
descarnada en adornos.
Aunque adoro el disfraz,
el juego de trampas,
el te pillé.
Y me escondo ahora
para que me descubras.
Sabes que soy exactamente
lo que andas necesitando,
pero me pareces tacaño,
y tal vez no me alcance la paciencia.
Se acercan tantos compradores.
No duran ni un respiro.
Siguen creyendo que me doy gratis,
estúpidos,
apenas les enseño el envoltorio
y creen saberme,
se pierden mi corteza de naranja.
Me creen muy dulce,
y luego amarga…
Y no es que me recate,
me ofrezco en vitrinas
y hasta en pruebas gratis
sin compromiso:
devolución asegurada.
Para qué
si ni se acercan.
Aunque se abalancen sobre mí
no encuentran mi olor.
Ya ves tú,
y yo,
que entera me tumbo en la fuente,
con manzana en la boca
y les sonrío,
sonrío a todo.
Me sonríen los pies cuando vuelo.
A quién le interesan mis pies.
¿A ti?
Consumo muy poquito,
ah, y me auto-recargo
(qué remedio)
Bueno, estoy cansada
de mi feria incansable
y me pregono
sin mucho acierto.
Tengo el prospecto de
precauciones y efectos secundarios.
¿La posología?,
No sé.
Y menos los ingredientes
(no pasé pruebas de sanidad).
Me acompaño de colores
y de números.
Viste mucho.
Si, ya sé que mis piezas chirrían,
juro que no por vieja,
es parte de…
Es mi perfil, es
que nace música cuando me muevo
y se creen que bailo.
Y que quizás necesito
tu mimo,
que tú has de saber mis resortes.
No puedo ser tan difícil
que no,
que no tengo libro de instrucciones,
qué pesado.
Tus ojos pueden alimentar mis baterías
mejor que el sol.
No contamino.
Atrévete.
Paga el viaje,
nada pierdes.
Te lo juro.
Súbete al lomo de mis mentiras.
Si me rompo
nadie va a reclamarte,
qué puede reclamar
un juguete roto,
una pieza para nada,
un artilugio fantoche.
Mucho ruido y pocas nueces.
Soy tu almendra,
rómpeme. Ay,
con cuidadito.
Degústame en pequeños mordiscos.
Pero paga.
Me da igual que te asuste mi precio
no me regalo,
no me rebajo.
Poquito ha de costarte
rascar el bolsillo.
O pide prestado.
Empéñate.
Roba.
Qué has de perder si seré tuya
lo mío tuyo,
y tú,
(me desmayo)
tú,
qué puedo pedir,
mercancía en oferta,
a riesgo.
Sí, claro que pido:
exijo mi precio infinito
y no voy a bajar la cotización.
Como animal exótico has de mantenerme
porque te voy a dar la vida,
la pequeña, la trivial vida en minúsculas.
Y no pido menos.
Dale, mira la etiqueta,
y paga de una vez.
Hecho.
Al fin.
Llévame ahora.
Pruébame en ti.
¿Ves?
Te quedo que ni pintá.
Eva González




